jueves, 7 de febrero de 2008

DE REGRESO A SCHUAIMA

DE REGRESO A SCHUAIMA

Poemas











WINSTON MORALES CHAVARRO














DAURO-ESPAÑA








VIAJE POR SCHUAIMA





Si referirse a una obra distinta a la poética infunde cierto temor o riesgo de no acertar, de no saber llegar a las valoraciones humanas y estéticas que tuvo en cuenta el autor al escribirla, la obra poética hace estremecer al prologuista o crítico. El mundo poético o universo es muchas veces inabordable; tiene tanto de extraño, de revelador, de insospechado, por no repetir la palabra “mágico”, que precisa identificarse, transplantarse al hecho fugaz de la iluminación. Por eso las traducciones de poemas son tan esquivas; no siempre se logra darle el aire o ambiente originales; se escapa ese estupor, ese prodigio de traducir el instante.


El poeta Winston Morales Chavarro me concede la gracia de habitar-por un tiempo-las regiones misteriosas de su creación poética. En De Regreso a Schuaima, se cumple el retorno en cada nueva visión que el autor puebla de creaturas extrañamente maravillosas, en donde la imaginación enriquece y recrea logrando imágenes tan leves, tan furtivas como el soplo del viento, tan rumorosas como la canción de los árboles o el cansancio de los ríos o el vuelo de los pájaros.


Este libro singular parece cobrar o recobrar ciertos valores, no sólo por su oleaje, sino por la trascendencia del estro profundo que va marcando un itinerario desconocido en las obras poéticas del momento que también son más pobreza sobre el mundo.


La incursión por De Regreso a Schuaima, significa ir conquistando territorios en compañía del personaje más encantador y encantado: Aniquirona, la amada de todos los soñadores de la tierra; la idealizada que nos pone en comunicación con los seres que moran más allá del discurrir cotidiano. Este ensimismamiento, el llegar de “Pobladoras” con su despliegue de hermosura cautivando casi hasta el delirio. El espacio que invade al que le sigue con su aroma singular de bosques y
jardines, de mares secretos o rocas agresivas, o el desafío subversivo de presencias que se ignoran a pesar de sus deslumbramientos, sostienen el embrujo, la gran orquestación de todos los elementos.

En Schuaima los ríos tienen nombre de varón –Calixto-, y los perros son filósofos, consejeros y sabios. El fluir constante de las fuerzas secretas que elaboran el milagro de todas las supervivencias, aún las más remotas, las que ignoran las gentes, los habitantes de Schuaima las disfrutan y entregan a la armonía universal
que se sustenta con las aspiraciones y concepciones imaginativas y enigmáticas del poeta.


Cuando se escribe el poema sólo se piensa en él; por eso sorprende la asistencia multitudinaria de imágenes que maneja Winston en la justa perspectiva que va descorriendo el futuro o el inmediato pasado; el momento puede ser hoy o el hoy de los siglos ya idos.


Los olores, los viajes, los caminos, la muerte, la vida plena, la clarividencia en el espejo o el viento que pasa en la voz de los niños, en las divagaciones del más empedernido soñador, hacen EL GRAN POEMA.


Las experiencias oníricas confunden los limites de tiempo y espacio, entonces crece el interés y la curiosidad por saber quiénes son “Oáma”, “Yhoma”, nombres legítimamente soñados por el poeta para que discurran por los senderos de luz o de sombra.


En De Regreso a Schuaima, se unen los inimaginables contrastes de resurrección y muerte; las más audaces formas de pintar lo inverosímil: el ocaso o el amanecer pueden centrarse en un rayo de sol perdido, o en la agonía de un fulgor lunar, vertidos en la gama infinita de colores hasta fundirse en una ola sin horizontes. Se piensa en el éxtasis poético con la nostalgia de las reminiscencias vividas por otros cuyos nombres y sombras siguen vagando por el mundo.


Toda despedida duele y no es fácil dejar De Regreso a Schuaima en donde la belleza y la libertad son para el visionario su estación preferida.




MATILDE ESPINOSA









Yo tengo fe en la práctica y en la filosofía
De lo que hemos convenido en llamar magia,
Y en lo que yo tengo que llamar evocación de los espíritus,
Aunque desconozco lo que estos son; en la capacidad
De crear ilusiones mágicas, en la visión de la verdad,
En las profundidades de la mente cuando nuestros
ojos están cerrados


William Butler Yeats.






Yo pienso con mi cabeza oscura.
Busco en mi cabeza atormentada
El sitio perdido del pensamiento.


Antonin Artaud.






Si las puertas de la percepción se limpiaran,
Todo aparecería a los hombres como realmente es:
Infinito. Pues el hombre está confinado en si mismo
Hasta ver todas las cosas a través de las estrechas
Rendijas de su caverna.


William Blake.










A Roberto Chavarro Chavarro,
Hacedor de mundos.
A Rogitama.




I
EL VIENTO


Esta Terra tiene un viento esmeralda

esta brisa es la voz de los sauces

este trinar el viaje de un barco
cuyos peces de plata

navegan sobre un océano de tábanos y yarumos.

Cuando el viento de esta Tierra canta

se levantan las sombras,

las tórtolas hablan de lluvias

y el hombre moja de palabras

el pan para un nuevo vino.

Schuaima

Terra donde el viento danza entre el ciprés

levantando el faldón de las hojas.

¿Qué es lo que trae la brisa en sus labios?

¿Cuáles sus palabras desnudas?

¿Qué es lo que canta el viento del este

cuando gira como hilandera

otro diluvio pequeño

y los niños saltan como trigo,

las mujeres brotan como cántaros,

los espíritus se visten de lluvia

y desnuda la tierra su poro de árbol

para que crezca de nuevo la brisa

y florezca de nuevo el fruto?




II
LAS PIEDRAS



Las piedras de esta Terra

Parecen perlas

o nidos de pájaros prehistóricos.

Aquí las palabras huelen a viento

Y el silencio tiene forma de roca.

En las piedras de esta Terra solemne

Se encierra el espíritu de la lluvia

El canto de los jilgueros

El color de los árboles y las selvas.

Piedras de Schuaima:

Montañas desnudas

Solitarias colinas

Peñas blancas que se botan como palomas

A un verde cielo de tierra;

Aquí mi mano saluda

un país constituido de piedras:

Rocas perfumadas, rocas uniformes, grises piedras para la pesca,

Grandes y escamosas rocas

Todas!

Piedras de Schuaima

Las amo por sabias y no por duras.



III
LOS PÁJAROS



Pájaros hay en Schuaima

Como abetos en la China

o místicos orientales en las orillas del Nilo

Pájaros ataviados de luz:

Currucas, navíos, toches, goletas,

Derroteros, serpentarios, piqueros de patas azules.

Los pájaros de esta Terra

conocen las violetas de Parma, los tábanos del este,

las arborescencias del Mississippi;

Mundos posibles en el crepitar de sus alas lluviosas;

Pájaros que parecen nubes de yarumo y trigo

remontando su vuelo

por bosques de arrayanes y dindes balsámicos.

Estos,

los viandantes de este piélago desnudo

los pájaros que soñara la Dulce Aniquirona

en su canción por la memoria del bosque.

Pájaros de Schuaima

provistos de alas, de luz y madreselvas

decidme:

¿Qué es lo que gravita en las otras orillas?




IV
LOS RÍOS



Como un volcán en su canción de fuego

como una colina de nieve roja,

así vive Schuaima poblada de ríos.

Ríos que bajan por los llanos

como muchachas desnudas

con trenzas de agua en sus bocas.

El río más grande de Schuaima

se llama Calixto.

Llena la luna

ve descenderlo dormido

por las piedras y las campanuelas del valle.

La espuma con su risa blanca lo llama

Calixto, Calixto!

Gravita el río con sus plumas de agua

porque el viento besa su muerte

y su ronquido de dromedario.

Allí está

flotando en un mar de ríos Schuaima

innumerables volcanes hablando del agua:

Paris en forma de lago,

Rogitama un riachuelo de peces,

Calixto y sus rostros de plata

vaciando sus ojos

en ánforas de pescadores.

Como un espejo con cara de hombre

como un pensador de Rodin sobre el charco

yace Schuaima poblada de ríos.

Allí van los hombres moribundos

a dejar sus recuerdos y sus rostros.

Éste es el arca del olvido

el río en donde la memoria desciende

por entre colinas de sueños

y el hombre se va quedando dormido

mientras el agua le baja los párpados.




V
LA MÚSICA




La música es un Cahfíe gigante

inventado por Dios

para hablar con los hombres.

El lenguaje de Dios es la música

y la de esta Terra, la lluvia.

La lluvia es un Palo de Agua:

-Violonchelos oceánicos, clarinetes lluviosos

saxofones marinos-

y al través de ella

se esparcen las palabras

por un auditorio de arrendajos y tijeretas.

En Schuaima no hay orquestaciones

pero cuando llueve,

cuando caen xilófonos del cielo

el agua canta un blues sobre las piedras

y despiertan las orquestas del campo.

Música de las orillas;

El viento danza con el diluvio polkas para la pesca,

vibran las campanuelas del árbol

al ritmo de los allegros

y las arañas arpegian una guitarra de hilos

en las orillas del bosque.

Esta es la batuta del río, el soprano de los cahfíes,

la romanza de los pericos,

el cantabile del campo después de la lluvia.

En ocasiones las orquestas del hombre

hablan con castañuelas, con kitharas o violines

pero la gente se ha vuelto sorda.

En Schuaima la música no se toca,

la música camina sola

-como un niño en busca de rayuela-

y se levanta como el oboe,

gira como el contrabajo,

salta como la flauta.

Músicos del campo, sabios músicos del camino

tocad para mí, otra sinfonía.




VI
LOS POBLADORES



Los árboles en Schuaima

son hombres petrificados

que han adoptado el lenguaje de viejas torres de trigo.

Hombres que antes de madera fueron barro

antes de ceniza fuego

y llameaban en la noche

como una caracola de trigo

o una estrella de ramajes y arboladuras.

En mi memoria de extranjero

persiste su posición de Hidalgos

sus rostros de guerreros besados por el sol;

Su postura de arqueros

sobre un rocinante de musgos y de piedras.

Árboles de Schuaima

hombres leñosos que madrugan con su canto de corneja

y se vierten por la llanura

para desperdigar su sombra o su quejido.

Quijotes de talles gráciles

en donde Dulcinea teje una telaraña de invocaciones

mientras el obeso de Sancho

sueña con Barataria

en la curva olorosa del yarumo o del algarrobo.

Estos;

los árboles de Schuaima

hombres que han preferido vestirse de lluvia;

columnas de hojas secas en las riberas del bosque y del sueño.




VII
LAS POBLADORAS




Blancas manzanas revestidas con los ropajes

de las cuatro estaciones;

mariposas de fuego que llamean en la oscuridad

como bellas colmenas

rebosantes de luz y giros vertiginosos;

son las mujeres de Schuaima.

Sus tobillos y pies

-suspendidos en el néctar de las coronas-

sobrenadan con la música liviana de los ríos

o el rojo inescrutable de las estrellas negras.

Jamás en mis ojos

habían aromado tantas flores juntas

tantas esencias gravitando en el aire de las cosas.

Las mujeres de Schuaima

bajo un azul misterioso

en donde no caben las dudas

ni las iniquidades de otros colores.

He visto cientos de mujeres

-diminutas en tamaño como un grano de mostaza-

asemejar el infinito

y construir con sus danzas incorpóreas

la eternidad y el traslado a las edades más seniles.

Como el llamado de las novas y otras luminarias

ante el aleteo suplicante de algunos extranjeros

las pobladoras de Schuaima

levantan sus manos con regocijo

cantando sus himnos y sus viejos idiomas

al borde de las anegadas orillas.

Bienvenidos forasteros

a este ancho río de la muerte

esta es la Isla de Aniquirona,

aquí atesoran las despedidas de los hombres a la guerra,

las batallas de la ciencia

los ascensos a la luz

y la revolución de los cuatro pensamientos.

Las mujeres de Schuaima

nos dan la bienvenida.

En sus velos transparentes

alcanzamos a contemplar

la desnudez de su sabiduría

y lo pequeña que es la tierra

Frente a la magnitud inconmensurable de otros universos.





VIII
LA MUERTE



A Laurent Vigouroux, muerto en
Iquítos Perú, abril 24 de 1999.



Como situada en un espacio vago y remoto

la muerte se va aproximando

hasta tomarnos del brazo.

Uno puede pensar que ella es nuestra sombra o nuestro sueño,

quizás una hermana mayor

que hace mucho abandonó la casa

pero que de soslayo

sorprende con su presencia de ola

o su llanto de niña prodiga.

En la ebriedad de la noche

la muerte

con su canto de corneja,

con sus halos de oro arrojados al fuego,

nos despierta del sueño o del letargo

nos lanza hacia la calma definitiva de lo oscuro.

Entonces comprendemos

que siempre ha estado cerca

que su presencia era como el rumor de un río

bordeando la orilla de nuestra desembocadura más próxima.

Pero a la hora del abismo

A la hora del concierto fatídico

-cuando el ave Fanza canta su réquiem en el traspatio

o suenan antiguas campanas-

la muerte nos es tan peculiar

tan conocida

que la sombra impenetrable

súbita se transforma en estallidos de fuego

y la noche hórrida

en un laberinto de perfumes

en donde empiezan a florecer anémonas

en el solar distante de la otra orilla.




IX
EL PAISAJE



El olor de los pinos me seduce

-el revolotear de sus fragancias por la Terra-

Hay una hendidura en el espejo

Y de ella emanan los mundos subterráneos

Como un cántico del cosmos por las sombras.

El olor de los abetos me levanta;

La resina es la música del Cafhíe y de los toches

Y no he encontrado otro lenguaje más sutil y generoso

Que el que entonan las colmenas

En los bordes y en las aristas de la muerte.

El olor de los yarumos

Me resucita y me reencarna.

Una parvada de árboles y hojas

Desciende por la tierra

Marcando la brújula del tiempo

O la cascada estrepitosa del suicidio.

¿Este es el camino del gran viaje?

¿Sabes en dónde estamos?

¿Cómo hacer para llegar a las orillas?.

El rumor oloroso de las piedras

Marca ese principio.

Me dejo llevar por las alturas

Por el viento sostenido de la roca

Por el canto monocorde de los ceibos.

He llegado a Schuaima por medio de sus hojas;

Aquí me quedo como un barco plegado de velámenes y olores.

Preso de muchas sensaciones, de vinos y maderas

Resucito de las viejas recaídas,

Víctima del árbol y sus espermas

Tejo los hilos de las horas en los bordes del espejo:

El olor de la araucaria me ilumina

Me prolonga en este viaje por la tierra

Por las orillas fantasmales de la muerte

Recostado en los anaqueles de la historia.




X
LA HABITANTE




Mujer de los bosques

Que corrías como enredadera

Por las orillas del río;

Muchachita de luz

Que extendías tus manos en señal de recibimiento.

¿Quién eres?

¿Dónde estás?

No sé con exactitud de ti,

Si eres pobladora del árbol

Si en ti habitan

Todas las danzas necesarias para el viaje

Si tu boca desprende algún aroma o algún beso

Si sólo manifiestas tu hechizo

En el tránsito por esta Terra de sueños.

No sé con exactitud de ti

No distingo tu rostro,

Tu llama que vivifica y enternece.

¿Eres acaso Aniquirona?

La habitante de mis rostros?

Del valle que me aguarda al final del espejo?

Del tren fantasmal que abordé en Schuaima

Cuando era un extranjero

Bordeado por la transparencia infatigable

De tus sombras y tus sueños

Tus vinos y tus ríos?




XI
LAS NUBES



Nubes que gravitan por los mares

Revestidas de gárgolas y hojas

De ráfagas, remolinos y tornados.

Como un fuego sordo

Su música se enarbola en nuestro río

Y toman el aspecto de un tambor de piedras

En el agua colora de otros firmamentos.

Saboras, oloras, espesas,

Salutíferas como La leche de la lluvia,

Las nubes de Schuaima serpentean

Prendidas de las manos de la brisa;

Imitando el cuerpo pisciforme de las aves,

Los anchos muslos de las olas,

Las crines desafiantes del caballo.

Nubes de pináculos y hadas

Descienden con sus bucles dorados

Asemejando hermosas doncellas

En cuyas manos

El fuego y la luz se expande

Como el incienso y la mirra de otras orillas.

Y de allí

Del mismo cielo del río Rogitama

Se ve ascender y descender

Igual al mito de Jacob:

Una escalera, una puerta,

Una hendidura donde traspasar el viento,

Y las nubes majestuosas;

Leves, blancas, multiformes,

Abren sus compuertas de nodriza fresca

Aromando al mundo

Con su música líquida,

Con su agua densa,

Con su sabia de pájaro-pez, océano-cielo.

Qué húmeda toda esta apología,

Esta fábula de figuras en el cielo,

Las nubes de Schuaima:

El lenguaje que estriba en otros continentes.





XII
LA LLUVIA



Siempre llueve en Schuaima

Siempre ese precipitarse de los cielos a la Tierra.

Me abrazo a los chorros monocordes de los ríos

Y los cansancios de mi cuerpo se mitigan

Por el beso polimorfo de estas lluvias.

Siempre llueve en Schuaima

Y los follajes de los fresnos

-igual que los patos en parvada-

Bajan cantando por el ayuntamiento y sus orillas

Y los sinsontes se pegan a mi boca

Como los hilos luminosos de una estrella.

Siempre llueve en Schuaima

Y uno aprende a querer esta lluvia estrepitosa

Uno se acostumbra a su desnudez de ropas

A su delirio de doncella

A sus pezones grises,

De donde mana una agua inescrutable

Que moja y contagia de pureza

Hasta los precipicios de la muerte.

Siempre llueve

Y uno sumerge la cabeza contra el viento

Y la lluvia llega como un tumulto de palomas

A anidar en nuestras ramas los próximos veranos.

Siempre llueve en Schuaima

Siempre los espejos y cristales

Descendiendo de las noches desarmadas

Y un resplandor inamovible

Se deposita en nuestros hombros

Y una queja luminosa

Llamea por los bosques

Y unos pájaros de agua

Proclaman la grandeza de esta Terra.





XIII
LOS CETÁCEOS




Ha llegado la hora

De nombrar y enumerar a los cetáceos.

Desde el cabo de Hornos

Hasta el valle de los muertos,

Pasando por la orilla encanecida de la tierra,

Se logra percibir el rastro luminoso de la espuma

Los arapendes insondables de las olas

Ante un tránsito inigualable de ballenas.

El rebaño,

Conducido por el propio Leviatán,

Gravita cual navío

Atragantando todo lo que hierve sobre el agua.

No hay pequeño pez que se enfrente

A este promontorio de lanzas y de tierra móvil;

No hay Ismael ni Quiqueg

En todo el cosmos

Capaces de surcar las branquias de estos marineros.

¿Para qué atacar a estas portentosas naves

cuyo lenguaje se limita al juego de los canaletes

que fluctúan en el lomo

de su poderosa arquitectura?

El rebaño,

Desprovisto del cayado del zagal,

Se sumerge al unísono de su propio vuelo

Pues comenta la leyenda

Que su elemento primario no era el mar

Y que antes de perder las patas y las alas

Surcaban las ballenas las bóvedas del éter.

En inmensas manadas

De Arenques, de esturiones y tortugas

Se pasean las ballenas

Siguiendo la estela de fósforo y granizo

Que dejan sobre el mar los nantuqueses

La ballena de Groenlandia, la marsopa, el cachalote,

Disipan con sus vuelos las preguntas:

No hay nativos que atesten con su arpón a los cetáceos,

No hay cuáqueros que logren cabalgar sobre sus lomos,

No hay gavieros que icen sus banderas por el paso del noreste.

Sólo las ballenas

-infranqueables como la muralla o el cuchillo-

se hunden en el océano de Schuaima

atestadas y cabalgadas por la sal.





XIV
LOS ESPEJOS




Así como los toches baten sus plumajes

Sobre las aguas claro-oscuras del espejo

Así me apasionan los cristales,

Los diamantes, las piedras y los cuarzos.

Con la insistencia con la que el azulejo

Estrella sus imanes contra el agua,

Así va mi sombra a materializarse en otras sombras,

Mi fantasma a imantar otros fantasmas.

Me veo en el espejo

Como un pequeño barco desfilando por la Oniris;

Hay nuevas cicatrices, otros caminos,

Un pasaje remoto que me espera

-O que ya desde hace mucho me esperaba-

Pero sólo hasta ahora

Después del tránsito súbito del rostro

He llegado a reconocer como inevitablemente mío.

Yo escucho el llamado de la muerte

A través de los espejos

Me apasionan sus palabras

Sus canciones fúlgidas

La puerta equidistante de sus noches.

Me descubro en el espejo

Como una evocación a los espíritus

-Acaso mis espíritus-

O a la vejez de tanto camino bifurcado:

Sé reconocer en este espejo

Un viaje por la muerte;

En este sueño

Un mundo de visiones;

Sé reconocer

La fisura de los rostros

La transparencia del paisaje

La hendidura y el hilo de otras superficies.

Para llegar y penetrar tantas verdades

Para viajar y conocer tantas orillas

Basta entregarme a la pasividad de los espejos

A la quietud aparente de sus aguas.

Así y no de otra manera

Me descubro en el espejo

Y empiezo a recorrer

Los caminos luminosos de sus sombras.




XV
LOS OLORES




He aprendido en Schuaima

El arte de respirar,

El arte de oler

Los aleteos de la lluvia o de la música,

El aroma del mar

Cuando duerme sobre el olor a brea de las pequeñas embarcaciones.

Sé cuándo la noche

Está pintada de estrellas y ovellones,

Cuándo la brisa trae canciones

Colgadas en las hojas envejecidas de perfumes.

Sé leer con mi nariz

Un libro virgen,

Un poema embalsamado de aceites.

Gracias a mi olfato

Me saturo de flores y velámenes ,

Sé a lo que huelen las muchachas;

Suerbo con mi nariz rizada por el viento

Sus faldas invadidas de geranios

Sus cabellos apoltronados de fragancias

Oscuras, rubias o castañas.

He aprendido en esta Terra

Que las cosas se ven mejor con el olfato.

No hay ningún recuerdo, ninguna brisa, ningún beso

Que logre escapar

Al hálito respirado por una nariz enamorada.

Sé de qué olores se visten

Las hormigas, las piedras, los grillos,

Las noches lluviosas y lejanas.

He aprendido a capturar

El aroma de las cosas “inanimadas”

Los maderos, las esferas, las semillas,

Las ventanas de las enamoradas

El viento cuando no trae otro perfume que el silencio.

He aprendido en Schuaima

El arte de respirar,

El arte de embriagarse con el cosmos,

Con la danza púrpura de las flores,

El arte de distinguir sin más presagios

Que el espíritu y el cuerpo

Convergen donde empiezan las fragancias

Y que el corazón queda muy cerca de la nariz.




XVI
EL LENGUAJE



Para retornar al principio de las cosas

Dejo que me invadan los sonidos:

La música de la noche,

Sus ánforas de luces,

Sus arpegios gigantes

Orquestados por las sombras.

Es bueno dejarse habitar por lo absoluto

Ser como una cabellera de antorchas

Llameando en el suicidio de la calma,

Ser como un hilo de sombra

Herido por la luz de un canto

O el sonido de un pájaro lumínico y profano.

Al evocar el sonido de esta Terra

El campo abierto

Conduce a la polifonía del bosque.

Allí el lenguaje es instintivo

Pre-idiomático

Y el silencio se hace necesario

Para comprender la inarmonía de las voces.

Hay que retornar al principio del lenguaje

-Al estadio mudo-

Para poder conversar con las alturas,

Con las bellotas, con el viento en su estado de pureza,

Con el cosmos en su armonía milenaria.

Silencio tamtamistas y tamborileros

Sólo el silencio,

Tiene el rostro único de todas las músicas

Sólo la voz de las piedras,

El salmo de la lluvia

Logra percibir

Ese albatros invisible que es la brisa;

Albatros

Que espera sabiamente al silencio

Para anidar en la oreja

De los hombres redimidos.



XVII
EL MAR



Yo del mar de Schuaima

De sus alas subcelestes

De su música salada;

Yo del piélago deseoso de su cuerpo

De su súbito de río.

Yo entregado por siempre y para siempre al mar,

Mar de viento, de tierra, de agua, de fuego

Una sola cosa

En cualquier constelación o estado.

Yo del mar de Schuaima

Desde antes de su origen

Piedra tallada de arabescos

Caballera de hilos subterráneos.

Yo del mar

Hijo de su viento;

Un vaivén errante entre las piedras,

Hijo de sus aguas;

Un molusco, una anguila,

Un diminuto hombre

En su realidad fúlgida e infinita.

Yo del mar aguamarina

Invoco mis redes oceánicas

Para capturar el tiempo de las cosas,

El tiempo en que todo fluye

Como sirena milenaria

Rejuvenecida por la sal.

Yo del mar

De sus espejos ondulantes,

De su barco ebrio.

Yo del mar de Schuaima

Porque así lo necesito.


XVIII
EL EXTRANJERO




Estoy muerto

Cálidamente muerto,

Muerto hasta la médula de mis huesos y mis odres.

Ningún poro de mi cuerpo besa el aire

Y sé que esta noche

Celebraré mi propio entierro

En el lenguaje semítico

Del inconsútil y profundo río.

Estoy muerto,

De hecho muchas veces lo he soñado

La muerte no es algo

De lo que haya que preocuparse

Y por eso gozo a mi antojo

El pasado somnoliento de mis carnes y mis velas.

La que me vio nacer

Me verá morir ahora;

La muerte es arcilla

Que el hombre labra

Desde el hilo de la vida

Y yo la he labrado

Por la orilla inescrutable de los sueños.

Estoy muerto

Y me festejo de ello;

Sé que la muerte es un océano de fuego

En el mutable piélago del cosmos.

Un velero refulgente

Sujeto al ritmo inquebrantable de las olas.

En la hora mágica del viaje

Mis esloras y banderas se levantan como un barco;

La muerte que no es otra cosa

Que exceso de luz

Se puebla de mi canto luminoso

Y abre sus pórticos sagrados

A este muerto,

A este noble cedro que florece

En el mundo de las sombras

Cuando el barco se detiene

En la justa puerta del espacio:

La renovación de las palabras.




XIX
LA HABITANTE II


Mujer en el espejo

Quién para contemplar

Tu primer amanecer y tu primer ocaso?

¿Quién para el momento en que la luz del sol

atravesó la capa de las sombras

y pudo percibir del génesis tu música?

¿Cuál de tantos pájaros

capaz de acceder a tus alturas más remotas

Encenderse con tus furias

sin morir en las visiones?

¿Quién para alimentarse de tu luz, de tu agua, de tu viento,

transportar las semillas

por los recovecos de tu espejo

y levantarse de tanto Apocalipsis

para contemplar desde la Oniris

la esencia primigenia de tu cosmos?

Mujer en el espejo

Muéstranos tus brillos,

Tus destellos

Tu presencia luminosa que pervive en las edades;

Tus ojos de fuego

Que alumbran el camino,

Tus manos de cristal

Iniciáticas y verdes

Cerca a las orillas de los mundos:

La playa próxima y distante de la adimensionalidad.




XX
EL SUEÑO




Del mismo material del que se tejen los sueños

Mi vida está sujeta

Al hilo claro-oscuro de las mágicas visiones.

Shakespeare lo dijo

Y también Calderón, Holberg y Zhuangzi;

La vida es sueño,

Quizás el añoso reflejo de una estrella

Cuya luz

Sólo a estas alturas de la noche

Enciende nuestras velas

O nuestros ecos más callados.

No lejos de estos equipajes

En el jardín de los manzanos y ovellones,

Donde se empantana la sombra y el espejo

Están los sueños de los otros:

El sueño del que duerme,

El corderaje del que teje por nosotros.

Cuanto más evidente es el sueño

Más segura es la existencia y las imágenes del tánatos.

Las caléndulas, la noche

Y todo lo que observo

Lo veo a través de la óptica y su vidrio

-el contexto cósmico y sagrado de los sueños-.

Las energías múltiples del viaje

Toman vida a través de la vigilia

Y se mezclan,

Como un perfume del Gólgota o la China

Cuya esencia es más vital

En las horas de las pléyades y los grillos.

Con la levedad de lo pleno,

Con la lentitud de lo eterno,

Con la ligereza de lo etéreo

Así viene el sueño a nosotros:

Pájaro semítico

Que en ocasiones reposa en hombros o cabezas

Y repite nuestros nombres

Como si la memoria

Fuera la Sésamo

Que hace mucho tiempo cerramos.





XXI
LAS ÁNFORAS




Llenas de un líquido precioso

-Quizás elixir o ámbar de otras orillas-

Las ánforas refrescantes de Schuaima

Colman mi espíritu de lo verdaderamente grande.

Hojas balsámicas, tigres de la India,

Diminutos pericos de las Américas;

Todo ante mis ojos

Como un espejo,

Como un diamante

Como un cántaro destilando el agua de los sueños.

Como un alucinógeno en la carne de mis hojas

Las ánforas de Schuaima

Arrojan su gota de extranjero

En la raíz de esta expedición necesaria para el árbol.

Me levanto como una ánima desnuda

Bebo, suerbo,

Muerdo esa agua densa

Agua que embriaga con su trueno o con su música imperiosa

El cordón letal que me sostiene .

Mi espíritu de águila

Retorna a las alturas más remotas,

A los pasajes aparentemente fríos

En donde los términos

Telepatía y clarividencia

Se refieren así

Como lenguaje de una nueva era

En donde yo,

Hijo de las sombras,

Comienzo a balbucear el lenguaje de los hombres.




XXII
EL MAGO



Nada existe en Schuaima

Sin la sabia disposición de Yhoma.

Nada se perfila de manera tan determinante

Como las leyes superiores del espejo

A partir de las leyes inferiores de sus sombras.

Cualquier cosa que emerja de la muerte

Obedece sólo a la memoria colectiva

En contacto con la fugacidad

De algunas fuerzas extranjeras

Que vienen de otros planos

Paralelos a los nuestros

A sembrar el equilibrio

Que tanto necesitan las estrellas.

Nada existe en el río Calixto

Que no haya sido ideado por sus peces

No existe el cuerpo sin la sombra

La corriente sin el agua

El nuevo mito que rebase al hombre

A partir de otro mito

Que él mismo se merezca.

Nada existe sin la sabia cábala de Yhoma

Éste es el famoso herrero de los días

El grano de mostaza

Que fragua las estatuas

Y levanta,

En medio de todas las semillas,

La pirámide de Egipto

Donde edificar los paradigmas.

He soñado y he visto al viejo Yhoma

mastillando el sueño de algunos forasteros

Yhoma el pajarero de los bosques

Una premonición venida más allá del tiempo

Hilando el árbol de los sueños

Al borde de los ríos y las selvas.

Nada existe en Schuaima

Que no exista en el número del mago

Yhoma con sus brazos chamánicos y libres

Mezcla los brebajes y las pócimas del viento,

Las esencias de las frutas

Dando de beber a los lúcidos parajes

Por donde el hombre

Encontrará de nuevo al hombre.





XXIII
EL VISITANTE




Soy el Extranjero que remonta el Rogitama en barco

El visitante de estos hilos sacrosantos

El viajero del que hablaran

Los pergaminos místicos del cosmos.

Soy la nada y lo absolutamente negro

El águila de oro de los antiguos iniciados

El mensaje sugerente de Los astros.

Estoy en el presente eterno

Como lluvia extraída de las profundidades cavernosas,

Como árbol arrancado

De sus más íntimas raíces.

Soy y formo parte de los ríos;

La clave cifrada de Hermes, el altruismo de Urano,

El fuego de Thros.

Sé que el futuro existe en el ahora,

Que las cuatro dimensiones son mis puntos cardinales

Que el pasado, futuro, presente y sueño

Son las campanadas invariables de lo perpetuo.

Soy el Extranjero que remonta el Rogitama en barco:

Los países se abren a mis ojos

Como gigantescas puertas de luz

En donde me someto a una visión total,

A una magna sabiduría

En donde el tiempo deja de fluir

Como círculos en un presente eterno

Para ser observados

Con los ojos de la eternidad

Con las alas esféricas y adyacentes de la Alquimia.




XXIV
LA TEJEDORA
A Matilde Espinosa.




Bayadera

Bailarina de las sombras

Maga perenne de los cantos

Ínsula donde los sueños se levantan

Como cuchillo en mitad de las esferas.

¿Es ésta la oscuridad que te envuelve?

Ceguera dulce para comprender el cosmos,

Silencio negro para entonar el trueno

Rayo abisal para redoblar el viaje.

¿Es éste el espejo que te nombra?

¿El laberinto que nos llama?

Bayadera de brazaletes

De sueños y collares

¿Es ésta la pluma que remonta el vuelo?

¿El pequeño arco para disparar la flecha?

¿La diminuta puerta para comprender la huida?

Bailarina de las lluvias

Tejedora de santuarios

Bayadera de la noche

En la inconmensurable página del ser

En el inconsútil laberinto de las sombras

Me esperaban;

Desnudos,

Harapientos,

Los leones sosegados del destino.




XXV
EL VIAJE




Elevarse,

Suspenderse en el aire,

Flotar como el Caduceo de Hermes

O la Tabla Esmeraldina;

Lanzarse hacia la noche

Como el río en un cielo de ovellones y de piedras.

Ser hijo de la luz

O barco ballenero

Atrapando músicas marinas.

Moverse hacia los mundos

Del río Rogitama

Sorber el azul infinito del espejo

Ser universal hasta la muerte

Y sacro hasta en la orgía de las horas señaladas.

Ser y no ser

Oscuro, blanco, diamantino

Ventana que apoltrone los colores,

Reflejo difuminado de los astros.

Arrojarse sobre las colinas de la noche

Respirar quedo como un reloj de arena

Avizorar en los principios de la nada

Los instantes en que la realidad se multiplica

Y la fantasía iniciática del cosmos

Sesga las penumbras.

Ser el viento,

El agua sostenida,

La roca,

La médula del río, el águila de piedra,

La mente abierta del viajero

Que goza con la música del éter

Cuando todo,

Sin anhelarse nada,

Fluye como un concierto para la pesca

Como una melodía

Para la muerte amarilla del ayuntamiento.





XXVI
LA ALQUIMIA





Jamás este rostro divagó tantas sombras

Tantos puentes

Tantos caminos para el hallazgo.

Jamás esta esencia de roca

Estuvo imantada de tantas orillas

De tantas presencias,

De tanto equilibrio.

Jamás tanta luz redime mi ser

Tantas piedras sagradas me llenan de ecos

Tanto cinabrio me colma de voces.

Schuaima:

No busco en este laberinto

Los espejos que ya poseo

Busco tu mundo:

El impenetrable, inteligible e innombrable;

El mundo en donde las hojas caen

Sosegadas por los besos del viento,

El mundo en donde la música de las esferas

Resplandece como el alambique y la cucúrbita,

El cosmos en donde el río Aquerón

Pasa y agita como frágil cometa

La marejada del bosque.

Jamás tuve tantas ganas de cantar

Cuando las palabras tomaron conciencia de no-ser

Ante la presencia invisible

De tantos espectros.



XXVII
LOS VISITANTES




Escucho sus voces en mi casa

Sus palabras sosegadas

Que llegan como música imperiosa.

Me acompañan desde niño

Desde la noche de los tiempos

Cuando pervivía la palabra

Y el caos era el lenguaje de las sombras.

Hombres sabios que me contemplan por el espejo

Que asoman sus manos fantasmales

Por la boca de los cuadros.

Hombres que reposan con su imagen de iniciados,

De videntes,

Transeúntes de las noches olorosas

Antiquísimos poetas, pasajeros de los astros;

Ojos de agua, manos de fuego,

Dulces voces del viento

Llegan a mi casa

Como un soplo

Como un silbo bordeando el bosque de los sueños.

Agua de poetas

Por el caño de la memoria

Dictando versos viejos

Paisajes remotos de la espuma.

Llegan a mi casa

Como lluvia de cantera

A mirarme con sus ojos

Como diciendo, como preguntando

¿Cuál es el séquito donde debemos agruparnos?

¿Cuál la cohorte de los iniciados?

Antiquísimos poetas

Sus voces retumban como piedras

Sus anchas voces se levantan como abetos

Como colmena rebosante de ámbar

De dulce miel para nuestros labios clementes y mortales.

Poetas de la muerte y el silencio

De las esferas más remotas,

De las esloras más delgadas

¿Por qué visitar mis vientos y mis arcas?

¿Por qué mi humilde tren para silenciar su viaje?





XXVIII
LA GRAN OBRA




Estoy reconstruyendo mis submundos

En los postigos del sueño,

Tal vez al comienzo de la vida

Tenga el resumen exacto de lo que fui

Y que recuerdo vagamente

En la placidez de mi lecho ávido de figurativismos.

He visto las constantes

De mis existencias más remotas:

Los ríos, Schuaima, Aniquirona

Entregados en fragmentos de cristales

Conservados en la unidad de un espacio impertérrito.

Esa es mi realidad inmediata

La que ayer confundía

Con mi presente gaseoso.

Pienso que el tiempo es definitivamente inverso a él mismo

Y nuestro concepto de él

Se escapa de toda definición

Lineal o acaso circular.

El tiempo es regresivo:

Lo que nosotros concebimos como futuro

Es la realización de un pasado

Olvidado por la novedad de un presente

Sujeto a los hilos del hexagrama.

Yo sé de qué estoy hablando

Porque conozco el retroceso infinitivo de mis fuerzas,

Conozco ese precipitarse hacia la vida

De atrás hacia atrás

Como un niño de espaldas al precipicio

Como un anciano en el tobogán de la memoria

Descendiendo en su conteo regresivo hacia la nada,

Al nacimiento de las cosas:

La orilla infinitesimal de la conciencia.


XXIX
LA LLEGADA



Yo que soy un apátrida

De esta Terra de la imaginación y el sueño

He venido a Schuaima

Como una vocación a las alturas

Y una satisfacción silenciosa de los viajes.

Yo que soy un apátrida

De la independencia y el delirio

Trazo mis puntos cardinales

Bajo los velámenes del barco

Y tejo un mundo en el sepulcro

Para mi cuerpo fatigado por las sombras.

Yo que soy un paria

De la razón y la locura

Niego cualquier posibilidad de raciocinio

Y afirmo toda matriz

De la imaginación y la paranoia

Para enfrentarme a la desnudez del universo

Y a la porción fantástica de su música.

Yo que soy un apátrida

De esta Tierra inverosímil y olorosa

He venido a Schuaima

Gracias al eco de la acequia,

A la voz ancha del yarumo,

A los cantos luminosos de la selva.

Yo que soy un paria

Entro desnudo a los reinos de la noche

Sin más pretensiones

Que los de la propia belleza,

Sin otros objetivos

Que los del puro suicidio;

En este lento resultado de la tarde

En este sabio paradigma de los sueños

-lejos del compromiso activo

de los que permanecen sólidos

sobre el bosque de la vida-;

yo que soy un apátrida

entro vigoroso a los principios de la muerte

a las puertas dulces y seniles

de Aniquirona y sus colinas.





XXX
LA MAGA




Qué bello es permanecer en Schuaima

Qué bello avizorar

En su crepúsculo de lunas ciegas

Las monedas de las visiones y el oscurantismo.

Qué bello respirar sus vientos epopéyicos

Su aire cargado de espadas

Como quien va enfrentarse con la muerte

En las postrimerías de la guerra.

Qué bello es este mundo de Oáma

Que tibio y grato resulta

Incursionar por el recodo de su hechizo;

Abrir los ojos del sueño,

Los oídos del sueño,

Las manos del sueño

Y pender de la boca

Las renovadas y viejas palabras

Que tanto necesita la llama y el musgo,

Para provocar en el confín de otras orillas

El fuego y la hoguera

Que nos sustituya.

Qué bello habitar la magia de Oáma :

Entrar en sus cordones de roca y río,

Mirar sus espectros de luz y alas

Al borde de las setenta puertas

En los confines de otras puertas,

Y la ventana de la muerte

En los confines de otras ventanas.

Qué bello su espejo de hojas

Sus cuchillos de miel

Sobre la boca de todos los mortales

Su colmena de musgo

En las rodillas de todas las mujeres.

Qué bello es permanecer en la Terra de Oáma

Comprender sus embrujos de diosa milenaria

Sus hilares de tejedora

Sobre el destino de los hombres,

Su maridaje de bruma

Sobre los bordes de la tierra.

Qué bello es permanecer en Schuaima

Y así,

Desdoblarse de tantos paradigmas ,

De los viejos toques de la guerra,

De los tristes trinos de la lluvia

Y empezar a desprenderse

De la boca de la horca

Para venir de nuevo al mundo.
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